Suena el despertador, comienza mi día, me levanto, me asomo por la ventana y veo todo en calma, el silencio, la paz, veo la ciudad dormida…

Que poco dura, poco a poco se ven las persianas subiendo, la ciudad no es ni un eco de lo que será en unas horas, con el ir y venir de la gente, los niños correteando, los coches circulando, los perros paseando, los pájaros volando…

Respiro la calma y  veo que “todavía no han puesto las aceras” ¿de donde viene esa expresión? ¿Alguno de vosotros sabe?

En cualquier caso, son minutos de calma antes del estrés, a coger aire y a por todas, que hoy me espera un día de esos, largos, largos y duros, duros. Y hasta que me meta de lleno en él, sigo disfrutando de la ciudad dormida…

¡Feliz martes!

 

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